Un legado centenario en la costa mediterránea: la playa de Gandía y el barrio marítimo del Grau conviven, a pocos kilómetros de distancia, con un centro histórico cargado de siglos de historia. Dos caras de una misma ciudad que hoy se entienden mejor conociendo cómo llegaron a encontrarse.
Una ciudad con siglos de historia
El origen de la actual Gandía se remonta con certeza a la época musulmana, aunque se han hallado monedas y restos de cerámica romana que apuntan a un asentamiento anterior. La primera documentación cristiana de la ciudad aparece en 1249, en el Llibre del Repartiment de Jaume I, tras la conquista cristiana del Reino de Valencia.
Una ciudad ducal, la de los Borja
En 1323, Jaime II concedió el señorío de Gandía a su hijo Pedro de Aragón. En 1485 el ducado pasó a la casa de Borja, y en 1494 Fernando el Católico lo vendió al cardenal Rodrigo de Borja — el futuro papa Alejandro VI. El más conocido de los duques de Gandía, Francisco de Borja, renunció a sus títulos y bienes para ingresar en la Compañía de Jesús, y fue canonizado santo el 20 de junio de 1670 por el papa Clemente X. La saga ducal de los Borja se extinguió en 1740, con la muerte en Madrid del último duque de esta rama familiar. Ese pasado ducal sigue muy presente en el casco histórico, con el Palacio Ducal como su edificio más emblemático — a varios kilómetros de la costa, en el interior.
El Grau: de puerto pesquero a destino de playa
La zona de costa, conocida como el Grau de Gandía, tuvo históricamente una vida propia ligada a la pesca y al puerto. En 1892 se construyó el ferrocarril de vía estrecha entre Alcoy y Gandía, junto con un puerto carbonero, que impulsó la actividad económica de la comarca; hoy, aquel trazado es la Vía Verde del Serpis, una ruta verde que sigue el curso del río hacia el interior. Pero no fue hasta la década de 1960, en pleno auge del turismo de costa en España, cuando Gandía se consolidó como un destino de playa por derecho propio.
La playa de Gandía en la actualidad
Hoy la playa de Gandía suma cerca de 7 km de costa y unos 700.000 m² de arena fina, entre las playas más anchas del litoral valenciano. Cuenta con Bandera Azul año tras año y sellos de calidad ISO-9001, ISO-14001, Q de Calidad y EMAS. Su paseo marítimo, flanqueado de palmeras, restaurantes y chiringuitos, conecta el Grau con el puerto deportivo.
Naturaleza junto al mar
A pocos minutos de la playa, la Marjal de la Safor es un humedal protegido de más de 1.200 hectáreas que se extiende entre los términos de Gandía, Tavernes de la Valldigna, Xeraco y Xeresa, incluido en la Red Natura 2000 como Lugar de Importancia Comunitaria. Se alimenta en buena parte de “ullals”, manantiales naturales donde el agua subterránea aflora a la superficie — un contraste tranquilo con el ajetreo veraniego de la playa, a solo unos minutos de distancia.
Un legado que empezó tierra adentro, en el Ducado de los Borja, y que un siglo de turismo convirtió en una de las playas de referencia de la Comunitat Valenciana.
