La playa de Gandía es el motivo por el que muchos visitantes llegan a la ciudad, pero no el único. A pocos minutos del arenal hay deporte, gastronomía, historia y naturaleza suficientes para llenar unos días de vacaciones sin repetir plan.
Deportes acuáticos y aventuras marinas
Windsurf, paddle surf y otros deportes náuticos tienen su espacio en la playa, con centros donde alquilar equipo o iniciarse con clases para principiantes — una forma distinta de disfrutar del Mediterráneo más allá de la toalla.

El paseo marítimo, de día y de noche
De día, el paseo marítimo conecta el Grau con el puerto deportivo entre restaurantes y chiringuitos; de noche, se llena de bares y terrazas con música en vivo hasta tarde, siguiendo el ritmo pausado del tardeo valenciano.

El Palacio Ducal de los Borja
A pocos kilómetros de la costa, en el casco histórico de Gandía, el Palacio Ducal es el gran testimonio del pasado ducal de la ciudad: su construcción arrancó en el siglo XIV, tras la elevación de Gandía a ducado en 1399, y los Borja lo ampliaron durante los siglos XV y XVI en estilo gótico civil valenciano. Fue la casa natal de Francisco de Borja, y hoy lo gestiona la Compañía de Jesús, propietaria del edificio desde 1890, que lo mantiene abierto a las visitas.
Naturaleza en la Marjal de la Safor
Para quien prefiere la naturaleza al bullicio de la playa, la Marjal de la Safor es un humedal protegido de más de 1.200 hectáreas incluido en la Red Natura 2000, alimentado por “ullals” — manantiales donde el agua subterránea aflora a la superficie — a solo unos minutos del arenal.

Sol, deporte, historia y naturaleza a poca distancia entre sí: esa combinación es la que convierte a Gandía en algo más que una playa donde parar de paso.
